Pedagogía Waldorf

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La Pedagogía Waldorf concibe al hombre como una unidad indisoluble físico-anímico-espiritual y en este principio basa todo el quehacer educativo.

Considera lo anímico-espiritual como la esencia individual de cada ser humano y al cuerpo físico como su imagen e instrumento.

Parte de la hipótesis de que el ser humano no está determinado exclusivamente por la herencia y el entorno, sino, además, por la respuesta que desde su interior es capaz de realizar en forma única y personal respecto de las impresiones que recibe. El hombre al nacer es portador de un potencial de predisposiciones y capacidades que a lo largo de su vida pugnan por desarrollarse.

Desde una visión antropológica la Pedagogía Waldorf integra una concepción humana desde todas sus dimensiones, en íntima relación con el mundo; y explica y fundamenta el desarrollo de los seres humanos según principios generales cognitivo-evolutivos que comprenden etapas de 7 años denominadas septenios.

Cada septenio presenta momentos claramente diferenciables en los que surgen/despiertan intereses, preguntas latentes y necesidades concretas.

En los dos primeros septenios y parte del tercero (hasta alrededor de los 15 años), el ser humano reconstruye la evolución que la humanidad entera fue realizando a través de las diferentes etapas históricas, es decir, que conquista paulatinamente el nivel de conciencia adquirido por la humanidad.

Basada en el conocimiento de las características evolutivas, la acción pedagógica habrá de promover, facilitar y maximizar el aprendizaje y dará respuesta a esos intereses, preguntas latentes y necesidades concretas. Al responder a la expectativa yacente en el educando el aprendizaje adquiere carácter significativo.

La educación así entendida trasciende la mera trasmisión de conocimientos y se convierte en sustento del desarrollo integral del educando y cuida que todo el quehacer tienda a la formación de su voluntad y al cultivo de su sensibilidad y su intelecto.

En consecuencia, la Pedagogía Waldorf organiza los contenidos curriculares en el tiempo y en el ritmo que considera adecuados a la situación evolutiva específica, cultivando con igual intensidad la ciencia, el arte y los valores morales y espirituales.

De este modo se intenta establecer una relación armónica entre desarrollo y aprendizaje, haciendo confluir la dinámica interna de la persona con la acción pedagógica directa, es decir, integrando los procesos de desarrollo individual con el aprendizaje de la experiencia humana culturalmente organizada.

La Pedagogía Waldorf pone especial atención para que en la enseñanza se encuentren entretejidos puntos de vista científicos y estético-artísticos junto con los aspectos relativos al respeto profundo y la admiración ante el mundo.

Rudolf Steiner veía en el cultivo del sentimiento de admiración infanto-juvenil, la base para una religiosidad libre. En consecuencia, si bien las escuelas Waldorf no son confesionales ni se hallan relacionadas con una comunidad religiosa institucionalizada, se aspira a cultivar los valores cristianos.

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