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SAN MICAEL
Evelyn F. Derry

A finales de Septiembre, precisamente después del solsticio de otoño, cuando los días y las noches tienen la misma duración, llega el festival de San Miguel, su nombre se preserva aún en los diarios y los calendarios pero es muy poco lo que se asocia con él hoy en día.

A menudo se pasa por alto esta festividad, al igual que la de San Juan, debido a que su significado se ha tornado vago e incierto, y estos festivales pueden adquirir un nuevo significado en el presente y para el futuro, aunque tienen menos tradición que las festividades de invierno y primavera son exactamente tan significativas como ellas dentro de la totalidad del círculo anual.

San Micael sobreviene en el otoño cuando florecen o se abren las últimas flores y las hojas empiezan a perder su color verde de verano, tornándose ocres y amarillas; cuando los frutos han madurado y las cosechas casi han sido recogidas en los campos y cuando las semillas de toda clase van cayendo de sus vainas al suelo, listas para la siguiente estación. El sol va descendiendo más en los cielos y el calor de sus rayos se va debilitando cuando se acortan los días. El alma de la tierra se va interiorizando adentrándose en sí misma, lejos de las alturas cósmicas, ella empieza a despertar del sueño de verano para pasar a lo pensativo en el invierno.

El proceso de interiorización es una experiencia humana que no solo se encuentra en el cambio de las estaciones. Cada noche el alma experimenta en cierta medida, en el camino hacia el sueño, las actividades externas y los intereses del día se hacen a un lado y el alma torna su mirada hacia el interior, cuando se ha retirado totalmente del mundo exterior busca la esfera del Espíritu en el sueño. En la crisis de este ciclo se encuentra el alma nuevamente cuando se acerca a la vejez. La persona que envejece empieza por necesidad a renunciar a sus deberes exteriores y se absorbe más y más en su propia vida de contemplación, algunas personas de temperamento activo encuentran penoso este cambio y sienten que han sido privadas de lo más valioso de la vida, sin embargo, de hecho solo están cambiando un modo de vida por otro justamente igual de activo.

Ellos se están alejando de las preocupaciones de este mundo y se acercan hacia la experiencia del mundo al que se entra por el umbral de la muerte, se están acercando al gran punto de transición donde termina una existencia y empieza otra. Cada año con la llegada del festival de San Miguel nuestros corazones deberían sentir un gozo anticipado de este ideal a través del cual podemos aprender lo que significa ser humano.

El genio que preside a Micael es un arcángel, es aquel quien va delante de las huestes celestiales guiando su marcha a través de la historia humana. En este festival que lleva el nombre de Micael, se recuerda toda la compañía celestial que envía su influencia a los asuntos humanos. Si San Micael se convierte en un nombre vacío solamente se está pasando por alto una parte esencial de la existencia del mundo. Pero si se descubre hoy día su significado, nuevamente lo celebraremos en honor a los ángeles, arcángeles y toda la compañía celestial, en este festival reconocemos y agradecemos su actuación en nuestra vida. Nosotros los seres humanos deberíamos así aumentar nuestra comprensión de nuestro compañerismo con ellos y en vez de recibir su influencia inconscientemente aceptarla con conocimiento y gratitud.

Micael es el arcángel que encara al dragón, él confronta el poder de aquellos seres espirituales que hacen el mal y tratan de forzar las almas humanas a que sigan sus propósitos. El drama de la historia es la lucha entre los poderes que sirven al bien Divino y aquellos que luchan por propósitos malignos. La tierra es el sitio donde tiene lugar el drama. Las alma humanas son las compañeras de los ángeles en esta lucha, Micael es el guía y ayuda en este conflicto, él dota de valor nuestro corazón y nos llama a que nos demos cuenta de los seres que trabajan para el mal, para reconocer sus tentaciones y reconocer sus fines, él eleva las fuerzas de la conciencia y enciende la flama del entusiasmo en aquellos que están dispuestos a seguirlo. Micael pide de ellos cualidades heroicas del corazón y aquellos que osan responder son inspirados por el ideal de lo que el hombre puede convertirse en su esfuerzo por la libertad espiritual.

Sobre la celebracion del Festival de San Micael

El festival de San Micael, al final de septiembre, coincide con el tiempo de la cosecha. Entre el antiguo pueblo celta se horneaban hogazas de pan con todas las clases de grano que habían crecido en el año. Hoy día se podría celebrar San Micael reuniendo distintas clases de grano, flores y frutos para celebrar la cosecha y traer a nuestra mente nuestra gratitud por todo aquello que nos nutre y da vida.

Esto solo, sin embargo, no sería una verdadera celebración de San Miguel, pues no se expresa suficientemente la parte del ser humano. Una antigua tradición consiste en hacer estrellas de cinco puntas y pararse con la cabeza erguida y los brazos y las piernas abiertas y estiradas. Otras costumbres que descubren la parte humana en el festival de San Miguel habrán de hallarse en el futuro cuando este festival se practique y se reconozca más.

Así como la danza y la música pertenecen a la celebración del verano, el drama, particularmente el de carácter histórico, pertenece a Micael.

Los grandes eventos históricos del pasado pueden ser descritos en forma dramática, la flama del valor y el sentido de intención, de propósito por el futuro. En alguna época se hicieron procesiones alrededor de los cementerios en honor de los muertos. Hoy día esa costumbre podría transformarse permitiendo que las acciones de aquellos que nos anteceden vivan en nuestro recuerdo para inspirarnos tareas para el futuro.

Antiguas costumbres pueden revivirse con un nuevo sentido. Nuevas costumbres pueden descubrirse cuando la gente empiece a celebrar los festivales dentro del marco de su vida cotidiana en su hogar. Solamente se han hecho aquí sencillas sugerencias que han probado su valor en la práctica. De esta forma la experiencia espiritual de los festivales cristianos pueden arrojar su luz sobre los asuntos de la vida diaria, vivificándolos.

En nuestra existencia urbana altamente civilizada de hoy día, podemos llegar casi a ignorar el ciclo de las estaciones anuales si lo deseamos, pero al hacerlo así nuestros días se tornarían grises y aburridos. Los festivales pueden traer días santos que brillen en medio de los días de trabajo si nosotros creamos un espacio para ellos en medio de nuestra rutina diaria.

 

Apartes del libro “The Christian Year”, de Evelyn F. Derry.

Traducción de la maestra Silvia Macedo de Castro

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